En el ángulo…


Y así la vida me pone siempre en el ángulo donde no puedo ir para atrás; estar inmóvil, tal vez, pero tampoco para siempre porque el respiro gangrena; la única vía admisible es ir hacia adelante y con una tolerancia de 45°.

Entender que todo es perfecto así como es en este preciso instante es el valor más inestimable que he adquirido en estos años ¡y el camino ha sido largo!.

El corazón me duele, señal de que mi sangre consiente.

No es necesario que me entiendas, en algún punto de nuestras vidas sentimos todos lo mismo.

 

Soñar con los ojos abiertos


De chiquillos damos vida a los primeros sueños con los ojos abiertos como si todo fuese posible. De hecho lo es, solo que creciendo comenzamos a cerrar los ojos cuando soñamos.

 

 

En el mismo punto de partida


He dado un giro de 360° y me encuentro en el mismo punto de partida pero yo no soy la misma; la cintura alargada y esas dos desvergonzadas que sin pena se han plantado en el entrecejo no mienten, así como no miente este corazón que se siente renovado.

Me encuentro en el mismo punto de partida pero la mujer que está por partir es otra.

Es una perfecta incompleta, con un libre albedrío empoderado y una clarividencia que le dan la lucidez para enteder que no tiene límites sino los que ella se impone; que no está libre de problemas pero que prefiere verlos como oportunidades; que tiene la certeza que cuando se rebusca adentro, duele, y que sacar los esqueletos escondidos debajo de las costillas cuesta – por lo bajo un par de tachos de lágrimas – pero que luego el alma se siente ligera.

Todavía está latente en mí el amor por la escritura y el terror de dedicarme solo a ello.

Pero a este punto me digo ¿qué importancia tiene dedicarme solo a ello?… mejor vivir para contarla como decía Gabo.

Y es eso lo que haré, contarles lo que he vivido.

02 ABRIL 2015: BLOGRASOFANDO CON UN SER PERFECTO


Autor: Blogracho

Así como eres, tú eres perfecto.

Pero siempre se puede mejorar.

14 MARZO 2015: LOS AMIGOS Y EL TIEMPO


Autor: Blogracho

Hay amigos que, por más que pasen los años y el tiempo los distancie, nunca pierden su esencia. Y cuando los encuentras es como subirte a una rueda moscovita que va en retroceso; el tono de la voz, los gestos, las expresiones del rostro, te trasladan a esa etapa donde gozaste de su compañía, de su apoyo, de sus críticas y de sus camaraderías. Y te das cuenta que hay cosas que el tiempo se empecina en mantener intactas.