18 ABRIL 2015: FANGO DE OTROS PANTANOS


Autor: Blogracho

No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo[1].

No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor[2]. Por lo tanto, el miedo al peligro es diez mil veces más terrible que el propio peligro[3]. Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros implican grandes riesgos[4]. No hay atractivo en lo seguro. En el riesgo hay esperanza[5].

La esperanza es lo que hace que sigas respirando, aun cuando la presión de una vida te esté asfixiando. El miedo es la emoción más difícil de manejar; el dolor lo lloras, la rabia la gritas, pero el miedo se atraca silenciosamente en tu corazón[6].

Dile a tu corazón que el miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento. Y ningún corazón ha sufrido alguna vez cuando va en busca de sus sueños[7].

Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos el coraje de perseguirlos[8]. Aprende a ser feliz con lo que tienes mientras persigues lo que quieres[9] No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas[10].


[1] Giacomo Leopardi [2] Alejandro Dumas [3] Daniel Defoe [4] Dalai Lama [5] Tácito [6] David Fischman [7] Paulo Coelho [8] Walt Disney [9] Jim Rohn [10] Confucio

12 Febrero 2015: SALIR CORRIENDO


Autor: Blogracho

Salir corriendo en este frío helado. Congelar los miedos. Galopar el viento y con cada golpe de talón aplastar la incertidumbre. Dejar atrás los resentimientos. Bloquear la mente y el eco del corazón – totoc, totoc, totoc – que rimbomba en el silencio de la tumba.

LOS 50 COLORES DEL CIELO II – BLANCO COCA (MICRO-TRILOGÍA)


Autor: Blogracho
Capítulo II: Blanco coca

Durante los días transcurridos en su país, Alicia se dedicó a contemplar su cielo; y más lo contemplaba, y más Alicia se convencía de que su cielo azul terciopelo no estaba intacto y tal cual como ella lo había dejado.

Hasta con el cielo el tiempo es inclemente, pensó Alicia. A su cielo azul terciopelo le estaban saliendo las primeras arrugas, como a ella. Es culpa del tiempo y del sol fosforescente de estas partes, que como un desempleado sale todos los días para quemar el tiempo, dijo en voz alta Alicia. Y quiso a su cielo más que antes y sintió nostalgia por él, por su soledad, por su cansancio y se sintió culpable por la condición en la que lo había encontrado y se recriminó por haberle robado las Tres Marías pocos años después de haber partido y por haber amado a otro cielo.

Todo comenzó cuando Alicia entró en el mundo de la moda. Las Tres Marías le parecían tan fuera de tendencia que decidió darles un nombre de clase – el Cinturón de Orión, que lo usó, primero como minifalda y después como diadema, hasta que terminó por olvidarse de su existencia.

Un cierto día, Alicia, que estaba en el pleno de un vuelo, comenzó a observar el cielo. Hoy el cielo parece un inmenso colchón de plumas, ¡cuánto es suave, ondulado y sedoso al tacto!, dijo Alicia. Con estas paredes celeste bebé, abrigadas por el sol frío del alba, te vienen ganas de abrir la puerta y lanzarte sin temor a precipitar en el abismo, alucinaba Alicia. Botarse sin miedo y en la caída sentir el viento que te humedece las mejillas y que te tira hacia atrás los cabellos, que te refresca el cuello, la cintura, las rodillas, las canillas, hasta llegar a la punta del meñique esmaltado de rojo purpura.

Al rato, le pareció que al colchón le habían puesto una gran sábana blanca sin pliegues. Parecía almidonada. Como si la estuviesen tirando desde cada uno de los puntos cardinales por cuatro querubines que el mismo Dios en persona había escogido, supuso Alicia. Es como si las nubes hubiesen sido planchadas, concluyó, y continúo a extasiarse en esa sábana sin arrugas tamaño tierra, y se entregó y se enamoró del blanco coca que confinaba con el celeste bebé que no era más bebé, porque el celeste se había pintado de discordia. Dios estaba enfurecido. Había desterrado a Lucifer y le faltaba un arcángel para sostener el cielo.

Y desde de la ventana, Alicia vio caer una pestaña que iba dejando una marca negra de lágrimas en ese cielo celeste discordia; la vio penetrar de golpe en esa sábana blanca priva de arrugas, sintió cuando la perforaba para luego desaparecer de su vista, de su vida. Debe haber aterrizado en Roma, dijo llorando Alicia, que no lograba ver la tierra firme. Hasta que poco a poco las nubes, que seguían caminando abrazadas y muy pegaditas, comenzaron a sentirse sofocadas. Y a medida que Alicia aterrizaba, ese colchón hecho de nubes comenzó desmigajarse.

Continúa…

26 Enero 2015: ¿DE DÓNDE ME SACO LAS IDEAS?


Autor: Blogracho

Decir que tengo miedo es poco. Estoy aterrorizada.

Cuando escribía para mí era todo simple. Escribía cuando tenía tiempo, de corrido y sin hacer correcciones. Como la vida misma; un libro que se va haciendo segundo a segundo y sin derecho a hacer un paréntesis.

Había llegado a un punto en que estaba llenando esas páginas como subida en una caminadora. Todos los días era una carrera. Algunos días me parecía estar corriendo una maratón detrás de otra: Nueva York, Boston, Berlín, Paris. En Paris me hubiese gustado detenerme para admirar la Torre Eiffel, la Torre de Hierro; subirla por el exterior dando un paso a la vez y bajarla por el otro lado de igual manera y sin que me de vértigo.  Pero cuando menos me lo esperaba estaba en Tokio, en la Torre de Hierro de Tokio. Y si no fuese por el diploma no recordaría que gané la carrera en Londres, porque del premio ni hablar, va en beneficencia. ¡Joder! Ahora no sé si en realidad estuve o soñé haber estado en Chicago, Barcelona, Roma, Atenas y si regresé a Boston…  Y a pesar de todo este tran-tran, yo siempre seguía ahí, corriendo en esa puta caminadora y sin avanzar de una sola página.

Hasta que un día me dije: ¿Por qué no? Tanto ¿quién podrá leerme? Y por último, si me leen a quién podrá gustar lo que yo escribo…

¡Joder! ¿Y ahora qué hago? ¿De dónde me saco las ideas? Me tengo que subir de nuevo a la puta caminadora.