28 Febrero 2015: PREMIOS OSCAR DE LITERATURA 2015


Autor:Blogracho

Y el ganador de la categoría: ESCRITOR NOVEL EMERGENTE Y AUTOR DE BLOG MÁS ENTUSIASTA Y PROMETEDOR, en esta Primera Edición de las auto-nominaciones a los Premios Oscar de Literatura 2015, eessss…

¡Indira por Blogracho!

(Indira se dirige al escenario para recibir el Tintero de Oro – con su corazón ciego de nacimiento que viste rojo Valentino que le late cada vez más y más fuerte al ritmo del bombo, bom-bom, bom-bom, bom-bom – recibe la estatuilla y se sonroja…)

¡Oh!… un gracias inmenso a este momento de bloqueo y al noticiero que pasó la entrega de los Premios Oscar. Espero que en este discurso improvisado la emoción no me juegue una mala pasada, y se me olvide agradecer a todos aquellos por los que me ha sido posible estar aquí hoy. Empiezo sin orden de importancia para el resto, pero si para mí, a agradecerme a mí misma. Por sacarme la puta madre escribiendo todos los santos días, aunque solo llegue a publicar cuatro líneas. A mis seres queridos y familiares; y justo para no dejar afuera a ninguno, comienzo desde Adán y Eva, los incas, los Shuar de la Amazonía, al cholo y al montubio de la costa ecuatoriana y a mis bisabuelos italianos por los genes y malos genes heredados; a mi marido y mis hijos por ser fuente de inspiración. A todos los que fueron o son mis amigos, enemigos, amores, desamores, vecinos, alejados, profesores y antiprofesores, de donde agarro de vez en cuando y casi siempre algún detalle para mis microcuentos. A los autores que leí y no pude terminar de leer en mis años juveniles pero que se me quedaron impregnados: Icaza, Hemingway, Gabo, Vargas Llosa, Ana, Bécquer, Dante, Cervante, y a los varios profetas de la Biblia que me obligaban a leer en el cole. A Patricia Arquette por haber reivindicado la igualdad social y salarial de las mujeres – apelo que extiendo con la relativa urgencia a mis jefes; y a todas las mujeres por ser hembras y mantener en pie el mundo. Un gracias especial a aquellas que han reaccionado y han actuado y han hecho de este mundo una esfera que aunque sigue dando vueltas en su propio eje, no para nunca de innovarse: Eva, Cleopatra, Juana, Teresa, mi tocaya, Margaret, Édith, Frida, Coco, Alice, Gabriela, Flannery, etc., etc. Y para finalizar, a la lengua española, donde la letra V representa un fonema consonántico labial y sonoro, idéntico a la B – por lo que, a este punto del discurso, exijo que se me aclare si en esta categoria del Premio Oscar de Literatura, Novel ¿es con b grande o v chica?…

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* Wikipedia

27 Febrero 2015: SIN REPROCHES


Autor: Blogracho

Esa tarde de primavera, cuando me llamaste. Si hubiese hecho lo justo, quién sabe si con el tiempo me lo hubiese reprochado, y si todavía te amaría; pero como hice lo correcto, aún te amo. Porque el amor es eterno mientras dura.

A Gabo*; porque escribías con sabiduría, y la sabiduría, desde el principio de los tiempos, es eterna.

*Sólo vine a hablar por teléfono, Gabriel García Márquez

BLOGRASOFANDO CON SÓCRATES


Autor: Blogracho

Solo sé que nada sé y que no puedo vivir sin Wikipedia. Que lo mío no es apariencia. Que lo poco que creo saber se resume en que el mundo sigue siendo el mismo, y que lo único que ha cambiado son los medios. Que no sé de filosofía, ni de filósofos, pero que necesito aprender de estos.

¡Ay, Sócrates! Cuánto me hubiese gustado que vivieras en esta época. Seguiría tu blog, te leería y reflexionaría con todos tus tweets, con fogosidad carnívora.

*Sócrates

25 Febrero 2015: EN TODAS MIS VIDAS


Autor: Blogracho

A veces tengo la impresión de que ya he vivido. Es un momento. La duplicación de un instante. Un flash imaginario. Entonces me pregunto: ¿y si no fuese mi primer vida?… Y me pongo a pensar en lo que no hice y me arrepiento de no haber hecho y en lo que me gustaría volver a hacer, si tuviese la oportunidad de repetir esta vida; y siempre concluyo en lo mismo: me quedaría, te detendría, te amaría y mil veces te amaría y te volvería a amar, en todas mis vidas.

EL CÓDIGO DE SAINT-EXUPÉRY Y SU PRINCIPITO (V) – LO QUE REALMENTE TIENES QUE SABER ES QUE…


Autor: Blogracho
Capítulo V: LO QUE REALMENTE TIENES QUE SABER ES QUE...

Antoine no murió envenenado. Lo sé porque la serpiente no tiene más veneno para la segunda picadura…  Eso lo sabía nuestro Pequeño Príncipe, era justo por eso había caído en el desierto – para arreglar cuentas – y para poder marcharse con la certeza que la serpiente no mordería ni a su amigo ni a su rosa, y porque el código de Saint-Exupéry no existe – al menos “no” en la versión definitiva.

Y por eso te pido disculpas, mi amigo bloguero.

He querido crear un vínculo contigo pero no he cumplido con el principio esencial de la amistad: ser claros desde el principio. Pero si algo puedo decir en mi defensa es que, cuarenta y cuatro minutos al día no son suficientes para responder este enigma; por otro lado – y será por vía del ser mujer, y no de la postovulación literaria – no me canso nunca de hacerme preguntas; y si bien es cierto, no le haga más caso a las serpientes, lo intuitiva no se me quita. Sigo siendo curiosa y atrevida y busco siempre una respuesta a mis preguntas; y puedo distinguir entre una provocación y una prueba. Y eso fue lo que hice, seguí mi corazón rojo Valentino ciego de nacimiento y que no ha visto que yo he crecido. Me hice preguntas que los grandes parecen haber olvidado que son importantes, y pequé de lo que siempre pecamos las mujeres: de encontrar una respuesta. Y para terminar, porque se me están acabando mis cuarenta y cuatro minutos, añado algo más a mi defensa: hice lo que Antoine quería. Porque si en otra cosa nos parecemos Antoine y yo, es en esto: Antoine no quería que su libro se lea a la ligera, y a mí no me gusta leer a la ligera un libro.

Por eso usé la palabra enigma, para que tomes en serio mi relato; porque sé que los grandes necesitan escuchar nombres extravagantes para interesarse por cosas que nunca han dejado de existir y de ser esenciales. Por eso no debes estar desilusionado, ni triste, ni mucho menos pensar que yo te he engañado, porque el código de Saint-Exupéry sí existe, basta no leer a la ligera su libro, mirar al cielo y preguntarte: el cordero ¿se ha comido la rosa? Y verás cómo todo cambia…*

Y yo tengo una respuesta para este enigma, el problema es que no sé cómo explicarlo; por lo que lo mejor será comenzar en el principio:

Dedicatoria

A mi papá, un niño que jamás ha dejado de ser grande y que me ha enseñado – y será por vía de sus cataratas – a ver la vida con otros ojos. Y a los gatos; porque los gatos así como el corazón, nunca se equivocan y porque ambos saben que cuando el misterio es demasiado importante es imposible desobedecer, aunque solo se dispongan de cuarenta y cuatro minutos al día.*

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*El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

** Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas, Lewis Carroll.

** El gato con botas, Giambattista Basile, Charles Perrault, Gianfrancesco Straparola

EL CÓDIGO DE SAINT-EXUPÉRY Y SU PRINCIPITO (IV) – ¿POR QUÉ DABAS TANTA IMPORTANCIA A TU ROSA?


Autor: Blogracho
Capítulo IV: ¿POR QUÉ DABAS TANTA IMPORTANCIA A TU ROSA?

Hace millones de años que las rosas tienen espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las rosas. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las rosas pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las rosas? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?*

El principito enrojeció – ¡ahora me es todo claro!, Pequeño Príncipe. A ti también te mataron tus sueños cuando tenías seis años, como a Antoine y como a mí.

Cuánto nos parecemos los dos. Tú no respondes nunca a las preguntas y yo no me canso nunca de hacerlas. Tú dices que no se ve bien sino con el corazón y yo tengo un corazón ciego de nacimiento. Tu querías un cordero que viva mucho tiempo y yo siempre he sentido pena por los corderos (terminan siempre sacrificados).

Y cuánto te parecías a Antoine. A él le dijeron lo que tenía que dejar de hacer, y a ti te dijeron que era lo que tenías que hacer. ¡Pobre mi Pequeño Príncipe, cuán triste no habrás estado!… También he entiendo por qué los primeros tres dibujos de Antoine no te gustaron: el cordero demasiado viejo estaba destinado a morir rápido, aunque su carne no fuese tierna, y tú querías un cordero que viviera por mucho tiempo porque todos los niños sabemos que los corderos terminan siempre sacrificados; el otro cordero estaba enfermo, y un cordero para que sea sacrificado tiene que ser sano y joven; y el tercero, ese no era un cordero, era un carnero que se quería hacer pasar por cordero, pero a ti no es fácil engañarte, Pequeño Príncipe, y nunca te equivocas – nunca – excepto cuando no supiste comprender a tu Rosa y huiste de ella.

Y sobre la guerra entre los corderos y las rosas ¡a mí sí me importa! Soy mujer y el destino de tu rosa no es sino que el destino de las mujeres… Cualquier cosa que hagamos, para que salga a la luz, nos cuesta como un parto de primeriza. Para nosotras todo es lento y doloroso, y aunque nos sacrifiquemos y luchemos por ser reconocidas por lo que somos, por lo que valemos y por lo que hemos aportado a este mundo, habrá alguien que siempre nos agarre por las canillas y nos detenga. Por eso tenemos solo cuatro espinas, ¿sabes?; para que todo lo que hagamos en este mundo nos cueste siempre el doble. Es el precio que tenemos que pagar por ser curiosas, y bellas.

Es que simplemente hay cosas que no se pueden cambiar, ¿sabes?; por mucho que ese señor gordo y colorado se empecine en hacer cuadrar sus cuentas.

Tú también perdiste la cabeza por la Rosa, Pequeño Príncipe, pero no es culpa tuya, lo esencial es invisible a los ojos.

¿La amabas, verdad? Lo sé porque vi como te sonrojabas.

 Pero tampoco te recrimines por eso – si eras demasiado joven para saber amar. En eso también nos parecemos, ¿sabes? Yo también huí de mi primer gran amor imposible –  ¡Por qué me estoy haciendo todas estas preguntas y escavando huecos taponados con el tiempo! ¿Y por qué este ciego no para de palpitar y se quita las vendas de una buena vez por todas?

Perdóname. Perdóname. No era mi intención herirte. Es solo que recordar estas cosas hace solo daño, aunque uno siempre termine por consolarse.*

Yo entiendo tus preocupaciones, Pequeño Príncipe, solo que yo no sé cómo ayudarte y ya no sé cómo explicarte que mi corazón no ve y no sabe de razones; que lo único que es en grado de hacer, son asociaciones, porque así funciona mi memoria; y que lo máximo que puede asociar son mis botas a las del gato con botas, el gato con botas al gato de Alicia, el atardecer cuarenta y tres del Pequeño Príncipe con mi atardecer cuarenta y cuatro, el cordero de El Principito con el cordero de Dios, la rosa de El Principito con María Magdalena, las estrella con el sonajero con la estrella a cinco puntas, los baobabs que son como grandes iglesias a las malas semillas que los niños tienen que recordarse de cortar cada mañana – ¿Por qué este corazón ciego de nacimiento y que no ha visto que yo he crecido me está latiendo así de fuerte? Tan fuerte, tan fuerte, tan fuerte, que logro verlo.

¡Y lo de las semillas no lo he dicho yo! Lo dijo Antoine… ¡por qué yo no sé con qué asociar los tres baobabs! Bom-bom, bom-bom, bom-bom – ¿Por qué dedicas tres libros a Léon Werth? Un amigo que te llevaba veintidós años de edad, que multiplicados por dos suman la edad en la que desapareciste, cuarenta y cuatro. Y si solo me sirven dos dedicatorias para llegar al número cuarenta y cuatro, qué significa la tercera – esta es una asociación desesperada – perdóname. Estoy cansada. Mi corazón ciego de nacimiento que viste rojo Valentino y que no ha podido ver que yo he crecido, me está taladrando mi espíritu. Tres baobabs, tres columnas de elefantes… ¡Santísima trinidad ayúdame! ¡Que se me está perforando el pecho y me duele! Ahiii – ¿Y si me estoy equivocando? ¿Y si no tengo que hacer asociaciones? ¿Y si Léon Werth fuese un mensaje criptado?

 “No se ve bien sino con el corazón”

LÉON WERTH…

Léon Werth, en galés se traduce LEON VENTA..

LEON VENTA, VETE NO LA, O VEN TELA, VENENO L A T, L por LETAL, A por A, T por Toine – Toine por  Antoine…  VENENO LETAL A TOINE ¡Veneno letal a Tonie!

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*El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

** Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas, Lewis Carroll.

** El gato con botas, Giambattista Basile, Charles Perrault, Gianfrancesco Straparola

** El código Da Vinci, Dan Brown

EL CÓDIGO DE SAINT-EXUPÉRY Y SU PRINCIPITO (III) – ¿POR QUÉ UN CORDERO?


Autor: Blogracho
Capítulo III: ¿POR QUÉ UN CORDERO?

El Pequeño Príncipe se sonroja, es un niño que no responde a las preguntas, pero con algunas se sonroja. “Y cuando se sonroja, significa sí, ¿verdad?” dice Antoine de Saint-Exupéry. Es una pincelada de acuarela en las mejillas, un toque de intimidad, impúdico y punzante que vale como una confirmación. (Prólogo del Principito)*

Y así fue que, con el libro entre mis manos y apenas en el prólogo, me encuentro con este Pequeño Príncipe y noto esa pincelada de acuarela en sus mejillas y me sonrojo.

También yo me sonrojo cuando algo me embaraza ¿sabes? De niño puede resultar divertido sentir ese fuego ligero quemarte las mejillas, pero de adulto, es vergonzoso embarazarse en ese modo.

También yo dibujaba cuando era pequeña ¿sabes? Hacía caricaturas. Y parecía que a los adultos les divertía verme dibujar, al menos hasta cuando les dije que quería ser una artista; en ese momento, y con la frente arrugada, me dijeron que los artistas en mí país solo pintaban las paredes de las casas, y que con este oficio no me alcanzaría para darle de comer a la familia, ni pasando un día. Entonces decidí que un día sería Presidente de la República; estaba segura de que con ese empleo daría de comer a todas las familias de mi país, y no solo a la mía; esta vez, con las arrugadas que les atravesaban la frente de una sien a la otra, escuché decirme – no te he educado para tragarte al pueblo como las anacondas, subida en un Mercedes y con corbata.

Fue así que, a la edad de seis años, yo también abandoné la posibilidad de una magnífica carrera como artista y de dar de comer a todas las familias de mi país, y no solo la mía.

Los grandes nunca entienden nada por sí solos y los niños se cansan de tener que explicarles cada vez todo.*

Sí. Yo también lo creo, Pequeño Príncipe. Cuánto nos parecemos los dos. Tú no respondes nunca a las preguntas y yo no me canso nunca de hacerlas…

¿Por qué un cordero? ¿Por qué no un conejo o un perro o un gato?

Ayer traté de dibujarme para que me conocieras. No tengo capa, ni vestido de princesa, pero tengo botas – a mí también me encantaban mis botas y ¡no me las quitaba nunca!… Me recordaban el Gato con Botas, y el Gato con Botas siempre me ha recordado el Gato sonriente de Alicia, de Cheshire, y viceversa. Sí, es extraño, pero es así que funciona mi memoria, haciendo asociaciones. Los gatos nunca se equivocan ¿sabes?

¿Te sentías solo en el desierto Pequeño Príncipe? – como Antoine y como yo…

A mí también me gustan los atardeceres; los dibujaba siempre.

Te muestro mi dibujo y me despido – un poco triste, ¿sabes? Ahora que sé que tú también te sentías solo, como Antoine y como yo, me siento triste.

Pero ya me he consolado: si existe la tristeza es porque hubo alegría o porque existe un afecto – como el tuyo por tu Rosa.

¿La amabas, verdad?

Lo sé porque vi como te sonrojabas.

Pero no te debes avergonzar, conmigo. Yo también me sonrojo, sobre todo cuando recuerdo a mi primer gran amor imposible.

¡Por eso me he dibujado sonriente y en un atardecer estrellado! Para ver si te consuelas, porque tú mejor que nadie sabes que uno siempre termina por consolarse*.

Blogracho1

Sí, mis atardeceres tienen estrellas; no porque las vea, sino porque las escucho. Y he querido ponerlas para que tú puedas ver tú atardecer cuarenta y cuatro con tantas estrellas que ríen, y para que sepas que yo también me he consolado y que, si lo que querías era jugarle una mala pasada a Antoine, ahora puedes estar más que satisfecho, porque también a mí me la has jugado. Cada vez que yo no miro al cielo y escucho esa multitud de cascabelitos que saben reír, yo también rio con tu risa, como Antoine.

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 *El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

** Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas, Lewis Carroll

** El gato con botas, Giambattista Basile, Charles Perrault, Gianfrancesco Straparola

EL CÓDIGO DE SAINT-EXUPÉRY Y SU PRINCIPITO (II) – EL BLOGRO DEL PRINCIPITO


Autor: Blogracho
Capítulo II: EL BLOGRO DEL PRINCIPITO

Todo empezó cuando decidí crear un blog, con la intención de hacer de la escritura un rito. Sí, un rito, como lo han hecho los grandes de la literatura, desde Balzac, que escribía toda la noche bebiendo litros y litros de café, hasta la Munro, que con una mano sostenía la plancha y con la otra escribía a máquina.

Un rito que consiste en extrapolarle a mi jornada cuarenta y cuatro minutos para escribir y publicar algo en el blog, durante seis días a la semana. El séptimo día lo reservo para para afilar la cierra, como diría Stephen R. Covey**; yo prefiero llamarlo: un día para rellenar el tintero… Y todo andaba liso hasta que me llegaron esos días difíciles por los que pasa todo escritor que se empeña, novel o nobel que sea: la postovulación literaria.

Me sentía cansada, insípida y sin libido creativo; sin un motivo válido para seguir consternando mis días que de por sí se consumen subidos en una caminadora que va a setenta kilómetros por hora – caminando. Entonces me paré, di un paso atrás, y comencé a leer de nuevo este pequeño gran libro que un día inspiró este blog y el BLOGO DEL PRINCIPITO.

Y mientras lo leía, mi corazón rojo Valentino comenzó a latir siempre más fuerte:

-¿Qué significa “domesticar”? – preguntó el principito.

-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos…”

-¿Crear vínculos?

-Efectivamente -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…*

Por esto, por los vínculos, por Antoine, por El Principito, por el zorro, por la Rosa y por ti: aunque a veces sienta que no soy capaz y que no tengo nada interesante que decir, yo tengo que seguir escribiendo en mi blog. Porque cuando yo escribo, mi corazón no se cansa de bailar al ritmo del bombo, y porque cuando el corazón late así de fuerte es señal de que está vivo – y yo tengo que escucharlo.

Y mi blog será para mí lo que fue la Rosa para el principito. Lo visitaré todos los días, y lo dejaré hablar aunque no siempre me guste lo que me diga; y yo le diré con sinceridad lo que pienso poniendo atención en mis palabras, para no herirlo. Lo alimentaré y lo haré crecer. Quizás no será uno de los más bellos de la blogosfera, ni tampoco el más original, ni el más brillante, ni mucho menos el más intelectual y culto – pero será siempre mío. Y terminará siendo para mí único en el mundo, aunque haya millones de los mismos, y yo seré única para mi blog, porque sin mí este no existiría.

Y si mi blog es para mí como la Rosa con cuatro espinas para El Principito, ustedes son como el zorro para mi blog. Entonces tendré que crear un vínculo entre ustedes y mi blog, a través de un rito (otra cosa olvidada). Escribiré algo todos los días y a la misma hora. Así tú podrás irme a buscar entre miles de publicaciones sin temor a no encontrarme, porque sabrás que yo te habré hablado a esa misma hora. Y los domingos sabrás que yo estaré rellenando mi tintero para recuperar mis energías y poder hablarte por el resto de la semana. Y aprenderás a reconocer mi voz y las barrabasadas que digo, y no te asustarás cuando no suene muy contenta o cuando diga algo fuera de lugar, porque serás mi amigo, porque habrás aprendido a conocerme y porque habremos creado un vínculo. Así que, dondequiera que tú estés, debes saber que regresaré siempre a media noche de Italia y que si me esperas o me buscas a esa hora, yo estaré ahí, para hablar contigo.

¡Oh!, me estaba olvidando del enigma.

Si no hubiese aprendido que cuando este corazón rojo Valentino late así de fuerte es señal de que está vivo y que yo tengo que escucharlo, dejaría a un lado estos pensamientos absurdos a lo Dan Crow en su Código Da Vinci. Los aniquilaría. Pero cómo hacerlo, si ayer, mientras me dejaba fechar de nuevo por mi Pequeño Príncipe, mi cerebro – y será por vía de la postovulación literaria, deben perdonarme – comenzó a hacer de El Principito el Código de Saint-Exupéry, y el corazón me palpitaba siempre y cada vez más y más y más fuerte, al ritmo del BOM-BOM, BOM-BOM, BOM-BOM.

El problema de este enigma es que no sé cómo explicarlo; por lo que lo mejor será comenzar en el principio.

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* El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

** El Código Da Vinci, Dan Brown

** Los 7 secretos de la gente altamente efectiva, Stephen R. Covey

EL CÓDIGO DE SAINT-EXUPÉRY Y SU PRINCIPITO (I) – VOLVÍ A CAER EN LAS GARRAS DE ANTOINE…


Autor: Blogracho
Capítulo I: VOLVÍ A CAER EN LAS GARRAS DE ANTOINE...

Volví a caer en las garras de Antoine y, como siempre, terminé más intrigada del Pequeño Príncipe de cómo había iniciado.*

Más que una intriga, es un enigma.

Sí, propio así. Un enigma que me inquieta y que me está carcomiendo el corazón y que me lo hace palpitar como un bombo: tan fuerte tan fuerte, que con cada bom-bom, bom-bom, bom-bom, se levanta el viento, y el viento levanta las paredes de mi corazón rojo Valentino que suelta las baquetas pero que las vuelve a coger con violencia, para seguir palpitando. No está jugando ¡no! Es solo que no ve lo que hace.

Porque eso que dicen del corazón, que es ciego, en mi caso, es cierto. El mío en particular es ciego de nacimiento y no logra ver fuera de estas paredes rojo Valentino; por ende, mi corazón ciego de nacimiento que viste rojo Valentino, no ha podido ver que yo he crecido.

No ve. No sabe de razones. Como tampoco sabe que en estos años yo he llegado a conocerlo, y que he aprendido que cuando este músculo con paredes rojo Valentino late al ritmo del bombo – tengo que escucharlo. Porque cuando el corazón late así de fuerte – es señal de que está vivo.

Y será por como leí esta vez el Principito – como cuando de pequeña caía un libro en mis manos y no lograba avanzar de página aunque que el libro fuese fascinante – que de nuevo este corazón ciego de nacimiento que viste rojo Valentino y que no ha podido ver que yo he crecido, comenzó a palpitar al ritmo del bombo.

Y yo que siempre me había reprochado mi falta de concentración a la hora de leer. Pero hasta ayer. Ayer dejé de hacerlo. Ayer que reviví ese método de lectura muy mío, y que volví a sonreír y a ser feliz como cuando yo era niña y me pasaba las tardes divagando por las páginas de un libro, sin cambiar de página. Donde algunas veces mi voz sustituía la del narrador y era yo que continuaba hasta terminar la historia; otras me gustaba pensar que el autor me explicaba porqué escribía una cosa en lugar de otra, o porqué le hacía hacer una cosa a un personaje cuando le hubiese gustado hacerle hacer otra, opuesta a la que terminó por escribir en esas páginas.

El problema de este enigma es que no sé cómo explicarlo; por lo que lo mejor será comenzar en el principio.

* El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

19 Febrero 2015: PAPEL EN BLANCO


Autor: Blogracho

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¡Oh!…

Papel en Blanco,

¡¿Por qué me has declarado guerra?!…

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Si te has rebelado,

te entiendo.

Yo no tenía ningún derecho a abusar de tu pureza.

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Pero quiero que sepas que

yo no soy tu enemigo,

soy solo un analfabeto que no sabe callar.

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Por otra parte,

qué sería del Mundo si,

por temor a parecer estúpidos,

callásemos…

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El Mundo sería mudo,

y los libros estarían en blanco.

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A Abraham Lincoln*; porque a veces los grandes se equivocan.

“Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría, que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello.”*